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información sobre San Martín de tours
El
Joven Martín
El joven soldado del César Juliano, Martín, del
que todo el mundo recuerda el suceso de la capa partida, se
encontraba con las legiones que el César había
concentrado en la ciudad de Worms preparando la ofensiva contra
los bárbaros que habían penetrado en las Galias.
Corría el año 356.
Para levantar, de manera convincente, la moral de los soldados,
el César decidió dar un donativo a sus tropas
(los incentivos económicos aumentaban el ardor de los
soldados en la batalla). |
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En
medio de las legiones alineadas en perfecto orden, cada soldado
recibía el dinero que con generosidad daba Juliano. Fue
entonces cuando Martín renunció a llevar armas.
Aproximándose a Juliano le dijo: "Hasta ahora, César,
he luchado por ti; permite que ahora luche por Dios. El que
tenga intención de continuar siendo soldado que acepte
tu donativo; yo soy soldado de Cristo, no me es lícito
seguir en el ejército".
Juliano pensó que aquel momento, en medio de una operación
militar, no era el más oportuno para acceder a tan singular
petición (singular para un emperador romano, claro está).
No podía permitir entre sus tropas ni la deserción
ni la desensión. Pero, hábil como era, pretendió
desautorizar a Martín entre sus compañeros porque
su ejemplo bien podía extenderse si trataba el asunto
según la estricta disciplina militar (es decir, ejecutándolo).
Así pues, el César, le contestó: "Tú
sabes que el combate está pronto, los bárbaros
nos atacarán mañana y hemos de responder con contundencia,
la seguridad del Imperio peligra. Tu actitud, querido Martín,
parece que está más motivada por el miedo que
por tus convicciones religiosas. Dices ser cristiano, es decir,
un cobarde. Tienes miedo de enfrentarte al enemigo".
Martín escuchaba con paciencia, sabía que Juliano
era un buen comandante, erudito en los negocios de la guerra
y de la filosofía. Su ataque contra el cristianismo era
hábil. Si no respondía con habilidad, sus compañeros
de armas se reirían de él, y, lo que era peor,
de Cristo. Pero no tuvo que pensar mucho rato (el Espíritu
Santo ayuda en esos casos), la respuesta le salió rauda
del corazón:
"Muy bien! Dices que soy un cobarde. Pues mañana,
al amanecer, cuando sitúes tus legiones en orden de combate,
déjame en primera línea, sin armas, sin escudo
y sin casco y me internaré tranquilo en las filas enemigas.
Así te probaré mi valor y mi fidelidad y te demostraré
que el miedo que tengo no es a morir sino a derramar la sangre
de otros hombres".
Así se acordó. Pero el gesto no fue necesario.
Los bárbaros, por la mañana, pidieron la paz.
Las crónicas anotaron que los bárbaros no se atrevieron
a enfrentarse a la pericia militar de Juliano (después
llamado el Apóstata por otras crónicas). Pero
algunos legionarios afirmaron que lo que realmente les espantó
fue el haber sabido, gracias a sus espías, que los romanos
estaban tan seguros de la victoria que muchos soldados acudirían
al combate sin armas.
Así fue como Martín, más tarde conocido
como San Martín de Tours, obtuvo la licencia, vencedor
por dos veces, pues él no combatió ni se había
derramado sangre humana.
Su vida pastoral
Ya libre del ejército, nuestro santo se bautizó
y se dirigió a Poitiers para unirse a los discípulos
de San Hilario. Allí empezó su vida dedicada a
Cristo, a través de las enseñanzas de este ilustre
santo. Después de conocer las principales virtudes cristianas
y de pasar unos dias en su ciudad natal, se dirigió a
Milán. Al cabo de unos años se retiró a
una pequeña isla cerca de Génova, llevando una
vida eremítica de silencio y austeridad. Pero San Hilario
le pidió que regresara a Poitiers y allí fundó
un monasterio, concretamente en la localidad de Ligugé.
En el año 370 es consagrado obispo de Tours. Uno de sus
primeros actos fue fundar otro monasterio, el de Marmoutiers.
Durante su estancia en Tours luchó contra el paganismo,
la adoración a falsos ídolos y contribuyó
especialmente en la divulgación de la fe cristiana, aunque
esto no siempre le fue fácil. Tuvo a todas las personas
amantes del lujo, encontró a personas pobres de fe e
incluso a sacerdotes que no veían con buenos ojos aquella
vida de austeridad del santo.
Mas tradiciones y leyendas
San Martín de Tours es un personaje al cuál se
le han relacionado toda una multitud de tradiciones y leyendas.
-En diferentes estampas, sale a veces la figura de un ganso.
Y es que ... Martín, lleno de humildad, no aceptó
en un primer término ser obispo de Tours. Rehuyendo del
nombramiento se ocultó en un escondrijo, pero no le sirvió
de nada, ya que fue delatado por el ruido de un ganso. Se ve
que el pobre animalito no paraba de dar graznidos! Allí
lo encontraron unos eclesiásticos y le convencieron.
-Se dice también que en Tours quiso cortar una encina
a la que veneraban los paganos. Ellos le dijeron que lo podía
hacer siempre y cuando el árbol cayera encima de él.
Ni corto ni perezoso, Martín cortó la encina y,
cuando iba a caer sobre su cuerpo, levantó la mano, hizo
la señal de la cruz y el árbol cayó rápidamente
al lado opuesto.
-Y también se explica que un día, mientras oraba
en su celda, se le apareció un rey con una prendas de
púrpura, una diadema de oro y piedras preciosas sobre
su cabeza, y unos zapatos de oro. El rostro era muy puro y atrayente.
Aquella figura le preguntó a San Martín: "Martín,
¿me reconoces?. Después de unos segundos de silencio,
aquella extraña persona le dijo: "Soy Cristo y quería
presentarme ante ti". Pero... Martín ni caso. "¿Cómo
puedes dudar?", le preguntó aquella figura. Entonces
nuestro santo le respondió: "Cristo no ha de volver
envuelto en púrpura y en oro. Solamente te haré
caso si me muestras tus llagas". Rápidamente, aquél
"fantasma" desapareció y la celda se llenó
de humo y azufre, elementos que delataron a aquel curioso visitante.
Su último respiro
Martín de Tours falleció en uno de los sitios
más bellos de Francia, en Candes. Sus discípulos,
que querían estar con él hasta el último
momento, le pedían que continuara viviendo, ya que si
no lo hacía, su rebaño quedaría expuesto
a grandes peligros. Él contestó: "Señor,
si aún soy necesario, no rehusó continuar viviendo.
Que tu voluntad se realice plenamente". Y antes de dar
el último respiro, se dirigió a sus discípulos
con estas palabras: "Dejadme, hermanos, mirar al cielo
más que a la tierra para dirigir desde ahora mi alma
por el camino que debe conducirla hacia el Señor".
Era el año 397.
Onomástica y patronazgo
Su onomástica es el 11 de noviembre. Es el patrón
por excelencia de los soldados y junto a San Francisco de Asís
de los tejedores y fabricantes textiles. Le pueden pedir amparo
los mendigos. Es el patrón de Francia y Hungría
y de diferentes ciudades, entre ellas: Amiens, Avignon, París
y Utrech. En Girona, es el patrón del Seminario diocesano.
Su conmemoración se celebra el once de Noviembre, y como
aquí se dice " a cada chon le llega su San Martín",
en referencia a que esta es la época en que se hace la
matanza de cerdos, aunque en los barrios que celebran esta fiesta,
debido a las características ganaderas, se celebra con
la matanza de una cabra, que se come en familia.
También a esta época se le llama "veranillo
de San Martín", porque son unos días en los
que las condiciones atmosféricas cambian completamente
y empieza a soplar un viento sur denominado también castañero
que como su nombre indica, la temperatura se eleva y hace caer
las castañas de lo árboles.
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